Le describís lo que querés a un modelo de lenguaje, y minutos después tenés una app funcionando. Eso es, en una frase, lo que Andrej Karpathy bautizó como vibe coding: programar guiándose por la intención y el resultado, dejando que la IA escriba el código. La barrera de entrada al desarrollo de software se desplomó, y está muy bien que así sea.
En Ceiboo no miramos ese cambio desde afuera. Lo usamos todos los días. Construimos KOGASOFT —una plataforma entera y AI-native para el campo— en veinte días, en un sector que no conocíamos. Sin la IA en el núcleo, eso era imposible. Así que empecemos por lo obvio: la velocidad es real, y quien la niega se está quedando afuera.
Dónde el vibe coding es una maravilla
Hay un territorio donde programar “por vibra” es sencillamente la mejor herramienta que existió jamás:
- Prototipos y pruebas de concepto. Validar una idea en horas en lugar de semanas. Mostrarle al cliente algo que se toca, no un documento.
- Scripts y automatizaciones internas. Ese pegamento que nadie quería escribir y que ahora sale en cinco minutos.
- Explorar un dominio nuevo. Cuando no sabés qué no sabés, la IA te deja recorrer el problema a una velocidad que antes no tenía precio.
Para todo esto, dudar es perder tiempo. Adelante.
Dónde el atajo se convierte en trampa
El problema no es el vibe coding. El problema es confundir “funciona en la demo” con “está listo para producción”. Son dos cosas distintas, y la distancia entre ellas es donde se hunden los proyectos.
Un sistema generado por vibra pura suele arrastrar deudas que no se ven hasta que es tarde:
- Decisiones de arquitectura tomadas por defecto, sin que nadie las haya pensado —hasta que el primer pico de usuarios reales las rompe.
- Seguridad y manejo de datos “que después lo vemos”, en un sistema que ya tiene datos reales de gente real.
- Código que nadie entiende del todo, porque nadie lo diseñó: cuando hay que cambiar algo, cada modificación es una lotería.
- Un modelo de datos que aguantó la demo con diez registros y colapsa con cien mil.
El atajo no se cobra el día uno. Se cobra el día que el software importa.
Nuestra postura: velocidad con arquitectura
Esto no es vibecode, y tampoco es volver a los seis meses de análisis previos a escribir una línea. Es una tercera cosa, y es la que define cómo trabajamos.
Treinta años arquitectando sistemas nos dejan hacer algo que la IA sola no puede: saber exactamente qué pedirle. Dirigimos a la IA sobre infraestructura, modelo de datos, límites del sistema y decisiones que se pagan a largo plazo. La IA construye rápido; el arquitecto senior decide qué se construye y cómo tiene que aguantar. El MVP nace en semanas, pero nace listo para crecer, no para tirar cuando llegan los usuarios de verdad.
Dicho simple: el vibe coding te da el primer 80% en un suspiro. El 20% que queda —el que separa un juguete de un sistema en producción— sigue necesitando a alguien que sepa lo que hace. Ese 20% es nuestro oficio.
La velocidad no es magia
Cuando entregamos un sistema en semanas, no es un truco de moda: es experiencia dirigiendo una herramienta nueva con criterio viejo. La emoción del vibe coding es genuina y la compartimos. Pero a la velocidad hay que sumarle la pregunta que casi nadie hace en la euforia: ¿esto aguanta cuando deje de ser una demo?
En Ceiboo, esa pregunta se responde antes de escribir la primera línea. Por eso algunos de nuestros sistemas llevan más de cinco años en producción, vivos y creciendo.